PAGINA ACTUALIZADA EL 7/7/2006
Elogio de la mentira
Reconstrucción del niño
neandertal de GibraltarLEOPOLDO DE TRAZEGNIES GRANDA
El origen del lenguaje es un misterio. Es un tema que nos atrae, nos seduce. Los estudiosos no han llegado a ninguna conclusión más o menos admisible. Desde 1866 la Sociedad Lingüística de París resolvió no aceptar en sus publicaciones ningún trabajo que versara sobre este tema. Los lingüistas lo han excluído de sus investigaciones convencidos de la imposibilidad de analizar algo que no quedó plasmado en ningún soporte físico. Hasta la llegada de la escritura no sabemos nada del lenguaje. Lo único que se ha podido hacer es analizar antropológicamente la laringe y mandíbula de los primeros homínidos para proponer teorías que no superan las hipótesis.
Las primeras palabras que pronunció un neandertal hace 100.000 años o tal vez más, fueron aire y como aire se volatilizaron. Si ellos fueron los inventores del lenguaje es una lástima que hayan desaparecido. Era una especie genéticamente distinta a la nuestra que pudo ser la que nos legó tan preciada herencia para después extinguirse sin dejarnos la posibilidad de estudiar su evolución.
Y si el lenguaje se debe a nuestros antepasados directos homo sapiens sapiens, menos soñadores pero más hábiles y técnicos, tampoco se despeja el enigma porque las innumerables lenguas que se hablan en el planeta no nos dan ninguna pista para conocer su origen. La bonita metáfora de la Torre de Babel bíblica no nos vale.
Pero independientemente de la época en la que se empezó a utilizar el lenguaje, el problema estriba en averiguar cómo se convirtieron los simples chillidos irracionales de los homínidos en un sistema articulado de expresión. ¿Cuáles fueron las primeras palabras pronunciadas por los hombres primitivos? ¿qué vocabulario empleaban? ¿qué fonemas utilizaban? Nadie lo sabe, tampoco nadie sabe si el origen es onomatopéyico, o si fueron interjecciones de asombro, de cólera, o de alegría las que se convirtieron en un sistema de expresión. ¿Pudo ser la risa el primer sonido superfluo que emitió el homo ludens? ¿o fue una expresión poética? ¿o tal vez una canción de cuna tarareada por una madre? ¿o por el contrario fue un grito de amenaza del homo belicus?
Pero lo que no se puede negar es que el lenguaje nacería como espejo de la realidad física o emotiva que rodeaba al hombre del paleolítico. Se limitaría a nombrar las cosas y los animales, como en esa otra bonita metáfora bíblica protagonizada por Adán en el paraíso. También expresaría sus sentimientos, su miedo, su furia, probablemente también su amor y su odio.
En estas manifestaciones orales el hombre del paleolítico no hacía otra cosa que representar lo que veía y sentía. En el lenguaje emotivo o descriptivo el que habla no añade nada nuevo a la realidad, la reproduce por medios fonéticos, y el oyente no percibe nada nuevo en su discurso sino simplemente una confirmación de lo que sucede en el universo y que a lo mejor ignoraba.
Pero la gran revolución intelectual se produjo cuando a un primer humano se le ocurrió mentir. Separó de ese modo el lenguaje de la realidad conocida creando un sistema extra real, es decir, inventó la ficción. Los oyentes descubrirían alucinados un mundo fantástico que no existía físicamente, que sólo sucedía en la mente del "cuentista". Esto les permitiría desde entonces hacer abstracciones, imaginar historias y soñar. Como decía Tamaral: "Los que escribimos somos grandes mentirosos, pero siempre con la verdad por delante".
La mentira es pues la engendradora de la literatura universal. De lo que se deduce que si no tuviéramos la capacidad de mentir no hubiéramos podido crear nada literariamente. Sobre las mentiras de esos literatos primitivos que revolucionaron la mente del ser humano hemos construido las grandes obras de la cultura que sirvieron para mejorar el mundo.
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