PASAJEROS DE OTROS BARCOS
AUTOR: Leopoldo de Trazegnies Granda
Ediciones de la culebra coja. Sevilla, 2003

 

 

Goliat , mi tía Margot y la Virgen de Murillo

                Cuando mi tío Roberto detuvo su Studebaker a la sombra del ficus de la avenida La Paz, pensé que había venido marcha atrás, porque en ese modelo de 1949 la parte delantera era exactamente igual a la trasera.

                Mi tío se bajó orgulloso y su novia permaneció dentro del automóvil recién comprado. Nos abrió el motor para demostrarnos que lo llevaba delante, luego abrió el maletero posterior y extrajo un saco de arpillera con algo que pataleaba dentro.

                -Toma- me dijo- lo iban a tirar al río.

            Ese fue Goliat, era un cachorro incomprensible, cruce de collie con pekinesa, que se quedó enano. Luego mi tío partió y comprobamos que el auto andaba para adelante como todos los demás. Su novia, Grimaneza, nos despidió con la mano sin bajar la ventanilla.

                Esa tarde también llegó mi tía Margot del Ecuador. No la conocíamos. Se fugó de joven con un diplomático ecuatoriano y no había vuelto más a Lima. Llegó en un taxi con sus maletas y un gorro y yo me figuré que de esa guisa había venido por carretera desde Guayaquil. Le pregunté al taxista si era ecuatoriano pero él hizo ademán de darme un puñetazo.

                Mi tía Margot me inspeccionó a mí y a mis amigos de arriba abajo y no contestó a nuestras preguntas. Entró decididamente a mi casa por la puerta del garaje. La oí hablar con mi madre de la herencia de mi abuela y de vez en cuando se refería a un cuadro de Murillo. Al cabo de un par de horas llamaron por teléfono a otro taxi y salió de mi casa con sus maletas sin abrir, pero esta vez por la puerta principal, deteniéndose y gesticulando. Al pasar a mi lado, esquivando las semillas de pelotitas que soltaba el ficus, me miró con el cachorro en brazos y levantó los hombros y las maletas en un gesto de espanto. No sé si fue por lo feo que era Goliat o porque a lo mejor iba yo vestido de mujer, porque mi madre trató de superar la decepción de mi nacimiento masculino después de dos hermanos mayores vistiéndome con atuendos femeninos en mis primeros años. El caso es que Goliat me siguió acompañando durante mucho tiempo y a mi tía Margot no la volví a ver en mi vida.

                El lienzo de la virgen con el niño supuestamente de Murillo estaba en mi casa, enmarcado sencillamente en madera barnizada, colgado en la pared del fondo de la sala que tenía las ventanas romboides de vapor fluvial. Al entrar me encontré a mi madre de pie mirando el cuadro, se dio la vuelta y al verme a mí con Goliat en brazos se sonrió. Yo dejé inmediatamente el cachorro en el suelo y se orinó delante de la virgen.

                Mi bisabuela tenía tan mal carácter y era tan viajera como mi abuela. Para mi familia Francia debió estar muy cerca de Lima, como Chosica más o menos, porque en cuanto podían se iban a París. Mi bisabuela de soltera vivió cierto tiempo en Europa dedicada al arte, a la adquisición de cuadros y a coquetear con los alumnos de L'Ecole des Arts de París. Vivía obsesionada por los grandes pintores. Solía ir al Louvre a comprar las copias que los estudiantes hacían al pie del original. Un domingo arrasó con todos los cuadros antiguos del Marché aux Puces. Cuando volvió al Perú, su equipaje consistía en muchas cajas que guardaban una extraña pinacoteca de falsos Murillos, Botticellis, Caravaggios, Zurbaranes... Felizmente, la casa de la calle Polvos Azules tenía suficientes galerías y corredores como para iluminarlos con coloridos paisajes y llenarlos de malas copias de vírgenes y caballeros renacentistas de mirada inquietante, algunos a caballo. Todos se colgaron en marcos de madera oscura, excepto uno, la virgen con el niño en el regazo, un "Murillo", que fue a parar al salón principal de la planta baja en un marco de plata que mi bisabuela mandó labrar expresamente a su medida. Le gustaba su sonrisa.

                En 1881, cuando los chilenos lograron vencer la resistencia de las trincheras del Reducto de Miraflores y entraron a Lima, mi bisabuela decidió salvar del saqueo al "Murillo". Desmontó el lienzo de su marco de plata, lo dejó enrollado en el desván entre otras cosas inservibles y en su lugar puso un óleo del Libertador chileno Bernardo O'Higgins con la evidente intención de aplacar de alguna manera la furia de la soldadesca araucana.

                Gracias a la astucia de mi bisabuela se salvó la virgen del saqueo de Lima. Cuando la familia volvió a la casa de Polvos Azules encontraron que los chilenos habían hecho fogatas con los muebles y los cuadros para fundir en una bola el marco de plata del cuadro y llevárselo como un grillete, pero la virgen y el niño seguían en el desván y a O'Higgins lo encontraron tirado en el cuarto de baño de servicio.

                Mi madre miró casi con curiosidad la orina de Goliat que formaba un arabesco nuevo en la alfombra.

                -¿De dónde lo has sacado?- me demandó extrañada.

                -Lo iban a tirar al río, es chusco- le contesté-. Mi tío Roberto lo salvó.

                Luego me preguntó señalando el cuadro:

                -¿Te gusta?

            -Es muy bonito- le respondí mientras Goliat me mordisqueaba las sandalias.

            -Me lo regaló mi papá cuando murió tu abuela. Me lo trajo personalmente, quería que lo tuviese yo. No tiene ningún valor artístico, pero la sonrisa de esa virgen acompaña desde hace casi un siglo a la familia, desde que lo compró tu bisabuela en Francia. ¡Y no saldrá de esta casa se ponga Margot como se ponga!

                El hecho de haber estado enmarcado en plata de ley y haber sido el único cuadro que mi bisabuela trató de proteger de la barbarie chilena hizo pensar a los más avispados miembros de la familia que se trataba realmente de un original de Murillo.

                Desde que mi abuelo se lo entregó a mi madre empezó el acoso a mis padres para convertir el pretendido Murillo en billetes de banco y repartírselo entre los hermanos. Los mellizos se presentaron una noche en mi casa con un policía para llevárselo a punta de pistola. Habían emborrachado al guardia en el chino de la esquina y le convencieron que debía rescatar una obra de arte de manos de un cónsul extranjero. El policía se sentía un héroe nacional, pero nada pudo con su arrojo ante la determinación de mi madre.

                Mi padre logró que el marqués de Lozoya viera el cuadro en uno de sus viajes al Perú. Lo descolgó de la pared y después de examinarlo breves minutos al lado del ventanal que daba a la calle disimuló su sonrisa para decir: "Es una buena copia, digna de estar en un salón como el tuyo, Fernando, pero nada más". Para mi padre no era una sorpresa y seguidamente se sentaron a tomar un whisky y comentar las "correrías artísticas" de mi bisabuela en París.

                Luego, durante los meses que la casa permaneció vacía debido a un viaje de mis padres a Europa el cuadro fue misteriosamente sustraído de la casa. Cuando regresaron mis padres en la pared sólo quedaba la alcayata a la que había estado colgado. Los sospechosos ladrones familiares no tuvieron en cuenta que mi padre había tomado la precaución de mandar hacer una copia a un pintor local y colocarla encima de la chimenea. Se llevaron pues la copia de una copia que valía menos que nada. Fue la segunda vez que se salvó la virgen.

                La tercera vez no fue necesaria. Cuando murió mi madre empezaron a sonar las llamadas por teléfono, eran algunos de mis cuarentaiocho primos interesándose por el destino de "el Murillo". Entonces mi hermano mayor descolgó el original de la virgen que seguía en el salón y se la llevó a la viuda de mi tío Roberto:

                -Mira Grimaneza, tú eres la más joven de la generación de mis padres, luego a ti te toca ahora conservar "el Murillo", yo no quiero líos.

                Hacía ya más de veinte años que Goliat había muerto. Así fue como mi perro chusco que no era ni collie ni pekinés y la pretendida Virgen de Murillo obra de un pintor espurio francés desaparecieron de mi casa. De mi tía Margot no volví a saber nada más.


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PAGINA ACTUALIZADA EL 15/11/2003