La esperanza de los polizones
Todos hemos viajado como polizones en el vientre materno. Y llegamos sin saber en qué lugar de la Tierra soportaremos mejor nuestras soledades neonatales, qué cielos nos estarán vedados, desde qué punto cardinal nos vendrá el desamor, y qué vías de comunicación nos incomunicarán de los seres que hubiéramos querido amar.
A pesar de todo, hacemos el viaje encapsulados y arrastramos por las venas el deseo de no ser infelices, de que nada nos ate a una calle remota de un barrio sin nombre. Al contrario, albergamos la esperanza de navegar y comprobar que realmente existen las sirenas, que merecía la pena tanta peripecia vital para encontrarlas, aunque sean transparentes.
PAGINA ACTUALIZADA EL 27/11/2003