PAGINA ACTUALIZADA EL 16/7/2005
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Potos calatos
LEOPOLDO DE TRAZEGNIES GRANDA
Hay dos términos auténticamente peruanos, entre otros muchos, que enriquecen el idioma español, poto y calato, pero que no siempre han sido académicamente reconocidos. Ricardo Palma vino a España hace un siglo con más de mil fichas de peruanismos para solicitar su inclusión en el diccionario de la Real Academia: no le admitieron ninguno.
Hoy, en cambio, ambos terminos están incluidos en el DRAE. Son aportaciones del Perú a la lengua de Cervantes que una mañana de 1532 se empezó a hablar en los Andes. Pero no es suficiente figurar en tan erudito thesaurus para que sean conocidos y utilizados por el resto de las naciones.
Poto, de raíz vernácula mochica, se utiliza para denominar el trasero del cuerpo humano. Tiene innumerables ventajas sobre el áspero culo. Por ejemplo, para designar a una mujer con unas hermosas posaderas se la puede llamar cariñosamente "potoncita" en vez de culona, que suena mal. Mi amigo y corresponsal limeño Mario Castillo señala acertadamente que la palabra goza de ritmos y cadencias fonéticas: po-to po-to, y por tanto apropiada para lugares donde se anda con garbo, es decir, en Inglaterra no. Todo esto puede parecer una interpretación machista y nacionalista del idioma, pero simplemente es el empleo masculino del término, cualquier mujer podría dar su versión femenina, que yo de momento ignoro.
Al segundo vocablo, calato, voz quichua que según la joya bibliográfica "Peruanismos" de Juan de Arona (Librería Científica Francesa. Lima S/F) que me regaló mi amigo Fernando Tola, significa desnudo. Tal vez por eso la Real Academia Española lo considera igualmente sinónimo de desnudo. Craso error. Existen diferencias que habría que matizar. Por ejemplo, refiriéndonos al célebre cuadro de Goya, sería impropio nombrarlo como "La maja calata", sin embargo sería del todo admisible decir que Ana Luisa Peluffo aparecía calata en "La mujer marcada", una de las primeras películas de desnudos de la cinematografía hispana que vimos los impúberes del otro lado del Atlántico. Es decir, hay un elemento sensual en el término peruano del que carece el frío desnudo castellano.
Calato también indica frescura, lozanía, por ejemplo, se podría describir uno de los cuadros de niños de Sorolla como "calatitos jugando a la orilla del mar". Tampoco pueden pasarse por alto las connotaciones sociales y culturales que lleva implícitas el término, como muy bien ejemplificó Nelson García en su película "Desnudo griego versus calato peruano" (1980).
Espero que algún día los filólogos se sumerjan en la riqueza verbal hispano hablante y otorguen las credenciales históricas a sugestivos vocablos como los mencionados para que pasen a ser de uso general en la lengua de Cervantes.
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