PAGINA ACTUALIZADA EL 21/10/2009
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El Quijote como estereotipo de las Españas
(Extracto)Fernando R. Lafuente
Catedrático de Literatura en la Universidad Complutense de Madrid
Director del suplemento cultural ABCD
Secretario de redacción de Revista de Occidente
Ex Director General del Libro, Archivos y Bibliotecas
[...]
Vayamos a ello, a la historia de esta obra clásica en lo que es su proyección a la esfera pública como estereotipo de las Españas. Cuando en un momento cenital de la historia europea, el momento de la redacción de la Enciclopedia, los benditos días de la Ilustración y de la Razón Práctica, Masson de Morvilles pregunta: "Que doit-on à l'Espagne?" y deja a continuación, la respuesta en blanco; es decir, en la opinión de los enciclopedistas franceses, a España, en la construcción de la etapa más decisiva de la Europa de las Luces no se le debe nada. Un personaje digno de figurar entre las excéntricas, para la propia España, creaciones de Cervantes, el abate Marchena, lo subrayaría, años más tarde de Morvilles como una excepción: "Si se exceptúa la obra del Quijote, ¿qué obra perfecta podemos presentar a los extranjeros?"
Lo cierto es que España ha generado a lo largo de la Historia diversas y distintas imágenes en los medios públicos. España forma parte de un privilegiado grupo de naciones que han formado una fuerte y marcada imagen. En el estereotipo español, que ocupa un lugar preferente en la prensa occidental, se ha combinado, hasta anteayer, el folclore tradicional con determinados restos de memoria histórica, pasada o reciente, peculiaridades de nuestra cultura y, también, elementos aislados. Una imagen, y su estereotipo, qué decir el lugar principal del Quijote en esta particular historia, es una realidad en sí misma en la medida que se acepta por un número de personas influyentes.
[...]...repárese qué tipología de personajes ha creado y mitologizado la literatura española en Europa y después en América y el resto del mundo: Celestina (una prostituta), el Lazarillo (un pícaro), don Quijote (un melancólico loco) y don Juan (un arrogante pendenciero).
[...]Vaya carácter español. Porque después ese español adusto, de sospechada estirpe nórdica, puritano, austero, se convierte en, sin salir de textos franceses, primero en un personaje ridículo para el teatro clásico galo, personificado en la espagnolade, y más tarde como en Alfred Vigny (1828) "un español es un hombre del Oriente, es un turco católico".
[...]Y lo curioso, o aterrador, es como los propios españoles acogen con fervor ese trazo grueso y negro, ese chafarrinón, ese claroscuro desgarrado, brutal, alborozados al pensar que son, precisamente, esos rasgos los que otorgan una pretendida singularidad en Europa, así "lo español", lo genuinamente español será lo asignado por el estereotipo creado fuera, al aceptar obras literarias y sus magistrales creaciones como escalofriante espejo del ser nacional...
[...]La política no sólo inventa -con ejemplar ayuda de escritores y viajeros, periodistas, universitarios y demás- el carácter nacional sino que su utilización, propaganda, exégesis viene determinada por las propias circunstancias. Y no entremos dentro de los territorios que forman una nación porque ahí todo se vuelve del revés, hasta la paranoia. [...] No tiene fin salvo para el conocimiento, para el analisis histórico como el que muestra don Julio Caro Baroja: " En suma, el del carácter nacional es un mito amenazador y peligroso, como lo fueron muchos de la Antigüedad pagana. Pero acaso no tenga la majestad y profundidad de aquellos."
[...]Volvamos a Cervantes y al Quijote, porque son muchos los Quijotes de Alonso Quijano, muchos los Quijotes, que han ocupado los más dramáticos y también los más esplendorosos momentos de la historia española moderna y contemporánea, ya lo advirtió Menéndez Pelayo: "cada cual tiene el derecho de admirar el Quijote a su manera." Ahí debe residir su grandeza y a ésta, tampoco la prensa ha sido, es, será ajena.
(Artículo publicado en El Quijote desde el siglo XXI - CEC. Madrid 2005) VER
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