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PINTURA PERUANA CONTEMPORANEA

autoretratoJOSE TOLA
Autorretrato

Página oficial del pintor José Tola
cartel
 

 
 

ULTIMOS TRABAJOS DEL PINTOR JOSE TOLA:
VITRALES.

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        REQUIEM POR JOSÉ TOLA

        HA FALLECIDO JOSÉ TOLA, José Miguel, José Miguel Tola de Habich (Lima 1943), pintor entre otras muchas cosas y artista esencial.

        Era un poeta de imágenes, de sentimientos de colores terribles y de noches luminosas. Desgarrador e íntimo, como entendíamos la amistad, sin exigir nada, tan sólo sabiendo que éramos seres humanos en frágil equilibrio, como los pequeños lagartos aferrados a las paredes que introducía en sus cuadros.

        Lo conocí en Madrid a donde había llegado siguiendo los pasos de su hermano Fernando, pintor también de palabras. En esa primera época plasmaba su ego en colores oscuros, como astros apagados a punto de iluminarse, imprevisibles, cautivadores. De entonces es el autorretrato que ilustra este sentido y precipitado recuerdo que quiero dedicarle tras su muerte.

        Años después José Miguel volvió a Lima, Fernando se fue a México y yo a Sevilla. Lo imaginaba en el Perú en su trabajo incesante en su estudio de óleos lacerantes, cada vez más poblado de seres humanos inhumanos. Allí desapareció la sombra negra del mundo para poblarlo de color ancestral, telúrico y crear un universo nuevo, el universo Tola. (Las pinturas que publico son de aquella época).

        Alguna noche sonaba mi teléfono a altas horas de la madrugada sevillana y oía una voz carrasposa que desde la húmeda tarde limeña me llamaba. Hablábamos de todo y de nada, lo importante era la comunicación en sí misma y no lo que dijéramos.

        Un día me llegó su libro “Ego Azul” que lo convirtió también en poeta de palabras. Es una autobiografía abstracta, en ella deshuesa al ser humano, lo torsiona, lo chupa, lo viola, lo descoyunta... al lado de una realidad que sólo se sospecha pero que no llega a poseer, ni siquiera a tocarla. Su libro era angustia y náusea, es decir, pasión por el acto de crear, de vivir biológica, sexual o artísticamente cualquier circunstancia. Era auténtica literatura “desagradable” de leer pero agradable de haber leído. Estaba penetrada de poesía por un lado, y por el otro, de pétreo humor que a veces resonaba como una carcajada dentro de un ataúd; ante la perplejidad de selectos fantasmas, entre los que me cuento, que iba despellejando minuciosamente, con esmero, con ternura de dacriólogo.

        Leí durante toda la noche su estremecedor descenso a los infiernos, entre lagartos-tarzanes, hasta que se me agarrotaron las manos. Ese ser, ese fantasma protagonista aparentemente inerte, receptor de todo tipo de experiencias, levantaba la cabeza, la lengua, el miembro o lo que sea intentando integrarse al mundo de alguna manera.

        José Miguel, que no llegó a morirse de espanto, ha abandonado su inmenso universo, el que creó con colores y palabras y que quiso mostrarnos que la vida es mucho más rica de lo que piensa el común de los mortales.

        José Tola, José Miguel, gracias por la lección de autenticidad que ha sido tu vida.


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PAGINA ACTUALIZADA EL 1/8/2004