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Tiovivo c.1950
Dirección: José Luis Garci.
Interpretación: María Adánez, Francisco Algora, Manuel Andrés, Ángel de Andrés López, María Asquerino, Aurora Bautista, Frank Braña, Fernando Guillén Cuervo, Carlos Hipólito, José Caride, Antonio Dechent, Ana Fernández, Fernando Fernán-Gómez, Alfredo Landa, Ramón Langa, Elsa Pataky, Andrés Pajares, Beatriz Rico, Miguel Ángel Solá.
Guión: José Luis Garci y Horacio Valcárcel.
Producción: José Luis Garci, Juan Carmona y Salvador Gómez Cuenca.
Música: Pablo Cervantes.
Fotografía: Raúl Pérez Cubero.
Montaje: José Luis Garci.
Vestuario: Lourdes de Orduña.
Añoranza de la vida cutre y del terror
FICHA TECNICA:Afortunadamente la Academia Española de Cine no ha seleccionado la película Tiovivo c.1950 (la c. es de circa, alrededor) de José Luis Garci como candidata al Oscar, porque en Estados Unidos nadie hubiera podido entender porqué en la España de los 50 se vendían clandestinamente libros en los aseos de algunos cafés, o porqué se les tenía miedo a los lustrabotas, o porqué un "fascista" que ha perdido una pierna en la Guerra Civil es un héroe, pero si la ha perdido un "republicano" es un cojo de mierda, y si ha perdido una pierna en cada bando es un gilipollas, o porqué un padre tiene que ir a comprar la penicilina para su hijo enfermo al bar de putas de Perico Chicote en la Gran Vía (se compraba con ruegos y llantos), o porqué un individuo maduro y antiestético toreaba de salón en el Florida Park del Retiro entre los aplausos y vítores de sus correligionarios políticos (esto tampoco lo entiendo yo) y porqué... bueno creo que en Estados Unidos se hubieran quedado de piedra y aquí en España muchos ya se han olvidado de aquella España casposa (no existía el shampoo ni los desodorantes, los ricos utilizaban huevos frescos y limón para lavarse la cabeza) y muchos otros no quieren recordarla.
La película refleja la España cutre y ruidosa del franquismo, si esa era la intención del director lo ha conseguido plenamente, porque la sordidez de los escenarios es auténtica y el ruido de fondo, constante e irritante, es tan denso que a veces impide que se entienda lo que dicen los protagonistas, pero no importa, no dicen nada que no se pueda obviar. En esta película ni siquiera nos importa que el espectador de la fila de atrás zarandee nuestra butaca con sus rodillas, o que arrugue los envoltorios de lo que come compulsivamente, o no pare de hablar, porque está incluido en la ambientación general de la sesión, es un rezago de la España de los 50 que inunda la propia sala. El acomodador nos conminaba a sentarnos donde él quisiera (normalmente todos juntitos como un rebaño en el centro de la sala) porque en esos tiempos hasta estaba prohibido que los espectadores se sentaran libremente para ver películas, las películas amputadas por una censura paranoica que a veces llegaba a hacerlas incomprensibles. Y ¡hay de la pareja que se sentara en las últimas filas o en unas butacas apartadas! El acomodador descargaba todo el peso de su "autoridad" sobre los insensatos.
Durante las dos horas y media de proyección (a la que puede sobrarle una hora larga) no hay una sola escena que transcurra durante el día, ni en la calle. Suponemos que se trata de una alegoría a la oscuridad de aquellos años, pero la película resulta un poco claustrofóbica. Por momentos se convierte en un sainete tenebroso, al estilo de "La colmena" de Camilo José Cela y en otros en un drama kafkiano.
Para recrear el ambiente de la miseria estomacal e intelectual de la época, no falta la mendiga millonaria asesinada (en magnífica interpretación de Aurora Bautista), ni los curillas con juanetes más pendientes del limosnero que de los feligreses, ni el vividor intermediario lameculos de la administración, ni la lúgubre academia de mecanografía o de baile.
Una de las primeras escenas es una partida de cartas en la trastienda de un café, que se nos hace interminable, con la que ya se nos advierte que el director está dispuesto a volcar toda su erudición técnico-cinematográfica en imágenes preciosistas que nos llegarán a hartar. Es lo malo de saber mucho, se pierde naturalidad. El misterio consiste en cómo se las ha ingeniado José Luis Garci con un elenco de ochenta actores de primera línea, un tema de interés, un guión entretenido no carente de ingenio, una fotografía perfeccionista, un montaje excepcional y todos los recursos inimaginables puestos en la pantalla, para estropear la película.
El argumento consiste en una serie de episodios cruzados, que podrían ser tomados con cierto humor como crítica, testimonio o cuestionamiento, del período más turbio de la España del siglo pasado, porque sería indecente mostrar las consecuencias de la dictadura y no censurar sus métodos terroríficos. La mayoría de ellos son creíbles, excepto las escenas que no pertenecen ni a la España de los Coros y Danzas, ni a la dura realidad que se vivía, sencillamente porque en los años 50 había muchas cosas que no podían hacer y además eran imposibles. Me refiero por ejemplo a cuando María Asquerino dice a todos los parroquianos de su bar que Madrid no se estaba convirtiendo en París, ni en Caracas, sino en Moscú. En la España de Franco no hubiera pasado ni media hora antes de que le cerraran el negocio y se la llevaran presa. (Justamente para eso el gobierno tenía una red de espías compuesta por lustrabotas, serenos, taxistas, cigarreras y estudiantes universitarios). O cuando un bedel, con la complicidad de sus compañeros, se hace pasar por director del banco donde trabaja. O cuando un mecánico de taller se permite el lujo de invitar cocktails de champán a una copetinera del Pasapoga de la avenida de José Antonio. Eso era sencillamente imposible. Son fantasías mezcladas con otras realidades auténticas: las de la represión, la censura, los fusilamientos...
Pero si esperamos hasta el final de la película nos llevamos la sorpresa de ver la siguiente cita: "Corrían muy malos tiempos, pero vistos a distancia quizá fueran los nuestros". La cita es de Manuel Alcántara, nada menos (Premio Nacional de Literatura 1961. Premio Luca de Tena, César González Ruano y José Mª Pemán). De esa manera Garci se identifica con la gente de esa España siniestra. Esa es la España que sigue añorando la ultraderecha cavernaria hoy.
¿Acaso un país puede tener nostalgia de sus pesadillas? ¿Es eso lo que ha intentado Garci, añorar la picaresca, las vejaciones, la corrupción, necesarias para sobrevivir bajo los abusos, el miedo y el hambre? No se debe olvidar la historia, pero no hay que confundirse, una cosa es saber de dónde se proviene y otra por dónde se ha pasado a la fuerza, no es lo mismo.
Antes de esa España fascista hubo otra España republicana moderna que pretendió ponerse al día con las democracias más avanzadas de Europa, que le dio el voto a la mujer, que reconoció el divorcio, que reguló los derechos de los trabajadores, que trasformó la educación, que promovió la cultura, donde la gente vivía en libertad y de la que salieron los mejores intelectuales españoles que luego tuvieron que exiliarse. Franco trocó la República democrática por esa pesadilla fascista que podemos ver en la película de Garci. Conviene que las generaciones venideras también lo sepan y si es posible no lo olviden.
Leopoldo de Trazegnies Granda
Título original: Tiovivo c.1950
País: España.
Año: 2004.
Duración: 150 min.
Género: Drama
Estreno en España: 1 Octubre 2004.
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