ALCALA DE LOS POETAS
La meteorología regala a Los Alcores con un par de graditos menos en verano, cosa que se agradece. La flama urbana no asciende como los pájaros en busca de brisas más altas. Antes de que se abriera al público el parque de Maria Luisa de Sevilla en 1914, los Pinares de Oromana que abrazan el río Guadaíra eran los jardines de Sevilla. A ellos llegaban los paseantes sevillanos en el llamado tren de los panaderos.
Alcalá de Guadaíra es tierra de panaderos y de pintores, actividades distantes pero emparentadas por el oficio de las manos. El pan de Sevilla tal vez se fabricaba en Alcalá porque sus amaneceres son más frescos y permitían amasar la harina con menos sudores (aún existe el puente por donde salía de madrugada el tren a repartir su cargamento de pan). Tal vez también, su ambiente era artístico y bohemio porque como contaba Valle-Inclán los poetas frecuentaban las tahonas para tomarse la penúltima copa. Esta circunstancia atraía a mujeres complacientes y amantes de agotar la noche, pero también a artistas de toda clase. Zuloaga mantuvo taller abierto en Alcalá durante cinco años (1893 - 1898). Alcalá se convirtió en el centro de la Escuela Paisajista que hallaba en las riberas del Guadaíra y en sus molinos harineros la atmósfera romántica que embargaba la literatura europea de entonces y que atrajo a muchos viajeros extranjeros, entre los primeros al pintor David Roberts. Integraban la escuela llamada "pleinarista" (pintura al aire libre) los pintores Sánchez Perrier (Sevilla, 1855), Gonzalo Bilbao (Sevilla, 1860), el alcoreño Arpa Perea (Carmona, 1860), Bacarisas (Gibraltar, 1873), Nicolás Alpériz (Sevilla, 1870), José Rico Cejudo (Sevilla, 1864), Manuel Villalobos (Sevilla, 18??) y Felipe Gil Gallango (Sevilla, 1863) entre otros muchos.
En el cante, Joaquín el de la Paula inventaría la soleá de Alcalá y Silverio Franconetti cantaría las seguiriyas más puras, que eran otra forma de hacer poesía. A principios del siglo XX también algunos toreros relacionados con la bohemia literaria como el sevillano Juan Belmonte y su mujer, la peruana Julia Cossío del Pomar, mantendrían estrecha relación con la ciudad del Guadaíra como si hubiesen nacido en ella, emparentando la tauromaquia con la literatura.
Hay dos cosas que jamás se olvidan: las faenas taurinas dibujadas en el aire saturado de los ruedos y el olor del pan recién horneado en las tahonas. Alcalá, con su río acentuado y sus molinos de agua, podría haber sido perfectamente una pintura de Zuloaga además de ser una inmensa tahona.
Tahona estuosa de aquellos mis bizcochos
pura yema infantil innumerable, madre.
Así recordaba César Vallejo las suyas, las oscuras y humildes de su Santiago de Chuco natal.
Aunque en muchas ocasiones a España no le ha quedado otra alternativa que ser un país de pintores de paisajes y de escritores de silencios por temor a las represalias, nunca faltaron los que se empeñaron en hacerse oír aunque les costara en el mejor de los casos el exilio.
Algunos alcalareños recordarían el olor antiguo y caliente de su pueblo en sus exilios forzosos de Francia, México o la Argentina, después de la guerra, simplemente por ser artistas.
En el recién estrenado siglo XX, alrededor de la sevillana revista Grecia, primera publicación ultraísta de España, se reunieron los poetas españoles que estaban en la línea poética de Marinetti, todos ellos iconoclastas futuristas que no dudaban en manifestar su opinión contraria a cualquier intento reaccionario. En 1919 por ejemplo, a la salida de una lectura de poemas en el Ateneo se dirigieron a la Plaza Nueva a rellenar de piedras y cascotes los cimientos que se habían abierto destinados a sostener la estatua en homenaje al "rey bárbaro" Fernando III y acto seguido se encaminaron a apedrear la casa de Luis Montoto que para ellos representaba la Sevilla caduca. Parece ser que un veinteañero poeta argentino llamado Jorge Luis Borges (B. Aires, 1899) de visita en la ciudad y amigo de los ultraístas, participó en ese acto de vandalismo poético.
Es curioso que a este variopinto grupo de poetas agitadores, componentes del llamado "Pasillo de los chiflados" y apadrinados por el cauteloso Rafael Cansinos Asséns (Sevilla, 1883), que luego tuvieron como órgano de expresión en Madrid la revista Ultra, no se les haya prestado tanta atención como a la Generación del 27 que a pesar de representar tendencias enfrentadas (unos en su acercamiento a Góngora y los otros en su rechazo de los clásicos) coincidían en tiempo y lugar y mantenían muchos de ellos una estrecha amistad y correrían la misma desgraciada suerte al acabar la guerra: el exilio, el fusilamiento o el olvido.
Destacaban por su originalidad en esta corriente iconoclasta, que metió en la poesía tranvías, cines y aeroplanos, autores andaluces de la talla de:
Rafael Lasso de la Vega (Sevilla, 1890). Su adscripción al ultraísmo fue vital: murió en 1959 en la puerta giratoria del Ateneo de Sevilla, fulminado por un ataque al corazón.
Isaac del Vando Villar (Albaida del Aljarafe, 1890) considerado "un raro genial", una de sus anécdotas más curiosas es la de haber trabajado con un tío suyo para Pancho Villa en México.
Adriano del Valle (Sevilla, 1895), amigo de Pessoa, que se ganaba la vida vendiendo juguetes inventados por su abuelo asturiano, uno de ellos nada menos que el de "Nicanor tocando el tambor".
Miguel Romero Martínez (Sevilla, 1888) humanista, bibliófilo, poeta, astrónomo, dibujante y traductor de Horacio, Moliére, Leopardi, Maeterlink y de literatura erótica, como los Epigramas de Marcial, para indignación de ateneístas.
Pedro Garfias (Salamanca, 1901) aunque castellano de nacimiento pasó su infancia y juventud entre Sevilla y Córdoba, ultraísta muy próximo a la generación del 27, que al terminar la guerra tuvo que exiliarse como tantos otros en México donde murió.
Luis Mosquera (¿Sevilla? 1890 - 1955), fundador de la revista Grecia con Adriano del Valle e Isaac del Vando Villar.
Antonio M. Cubero (Córdoba, ¿?) amigo de Borges. En el primer número de la revista Ultra el escritor argentino le dedica un poema titulado "Mañana", del que unos meses después, a bordo del vapor Reina Victoria Eugenia en el que regresaba a la Argentina, el propio Borges hace una nueva versión en alemán que titula "Sudlicher Morgen" y se lo envía de regalo al poeta expresionista germano Kurt Heynicke. Se ve que la afición de Borges de rentabilizar sus poemas dedicándoselos susesivamente a varias personas distintas arranca desde su juventud.
Rafael Barradas (Montevideo, 1890) dibujante e ilustrador uruguayo de las revistas vanguardistas. Existe un dibujo hecho a medias entre García Lorca y Barradas, se trata de la actriz Catalina Bárcena a la que el uruguayo dibujaba siempre sin ojos ni labios, y García Lorca se los añadió en un dibujo preguntándole poéticamente en el reverso la razón de la omisión. Por lo visto era una pequeña venganza de Barradas porque estaba enamorado de la actriz pero ella no le correspondía.
José María Izquierdo (Sevilla, 1886) impulsor de esta vanguardia, muerto a los treintaiséis años.
Y por último Pedro Raida Ysmaya (Sevilla, 1890), alcalareño de adopción y llamado inexplicablemente por algunos "el austriaco", autor casi olvidado en la literatura posterior a la guerra civil.
Poco tiempo después de Grecia se empezó a publicar en Alcalá de Guadaíra otra revista vanguardista: Oromana, dirigida por el impresor Manuel Carmona de los Ríos, con el lema:
Bajo este altivo azul
de nuestro cielo andaluz
El nexo de unión entre las dos publicaciones fue el poeta ultraísta Pedro Raida que ofició de administrador de Grecia y asesor en "Arte y colaboraciones" de Oromana.
Los versos de la revista Oromana no pretendían revolucionar el mundillo literario español, tenían aún demasiado lastre modernista como para que sus colaboradores se adscribiesen decididamente al ultraísmo de Grecia. En el primer número se encuentran manifestaciones tan rubenianas como estas:
... el que los lea gusta la ambrosía
y aspira los perfumes de Oriente
(Soneto de Antonio Guerra Ojeda)
Sin embargo significó un germen poético de renovación que fue incremetándose a medida que se publicaban nuevos números. La portada de la segunda entrega es un apasionado artículo de Fernando de los Ríos y Guzmán, cronista oficial de una Alcalá siempre muy ligada a la pintura, dedicado al pintor canario Néstor (Néstor Martín-Fernández de la Torre) al que elogia llamándolo "el hidrópico de iridiscentes exaltaciones".
En Oromana colaboraron poetas como la dinámica Amantina Cobos (Astorga, 1886) alcalareña de adopción y mujer del pintor Villalobos, Rafael Laffón (Sevilla, 1895), Juan Soca (Córdoba, 18??), y los poetas probablemente locales Antonio Guerra Ojeda, Antonio Viñolo, Calvo Araujo, José Mª Monfort, Juan López Tamayo, Antonio Cercós...
En esta casi fresca tarde agosteña en los Pinares de Oromana entre molinos y saltos de agua, leo el interesante libro Poesía española de vanguardia (1) editado por su autor en Castalia en el año 1995, de donde he recogido gran parte de los datos sobre los interesantes ismos vanguardistas del primer cuarto del siglo XX que he incluído en este artículo.
(1) Poesía española de vanguardia. Edición de Fco. Javier Díez de Revenga. Ed. Castalia. Madrid, 1995.