El altanero candidato Rajoy representó admirablemente bien su papel de Polichinela, aguantando los certeros pelotazos de Rubalcaba sin inmutarse y sólo enseñando la punta de la porra de vez en cuando, para no asustar. La opinión general es que ganó el debate.
Rajoy sabía que estaba allí para eso, para poner la cara, una cara bastante dura. Las razones económicas y sociales, la política al fín y al cabo, que le lanzaba Rubalcaba no iban con él. Era consciente que ya había cumplido su objetivo, que ya había conseguido ser el candidato con más probabilidades de salir elegido gracias a la crisis económica sufrida por España que benefició a la oposición. En este período de dificultades para la economía, el PP se ha cuidado mucho de no apoyar ninguna de las medidas del gobierno para salir de la crisis, siguiendo el viejo adagio de "te dejaré tuerto aunque yo me quede ciego". Alguno de sus miembros relevantes como el Sr. Aznar llegó en el extranjero a minar la confianza en la solvencia de nuestra economía poniendo en grave riesgo la estabilidad del país.
En el debate, Rajoy sabía que su misión era únicamente la de aguantar los golpes, como hombre de paja respaldado por el gran capital, la banca, las multinacionales y la derecha más siniestra, que es la más interesada en una victoria reaccionaria, que deje las manos libres a los mercados para seguir abusando de los económicamente débiles y que por otro lado detenga la modernización de España en materias como la educación laica, el aborto, la investigación con células madre, el matrimonio homosexual, la muerte digna, etc, etc.
Si el Sr. Rajoy llegara a presidente de gobierno pondría en práctica la política que le dicten "sus mayores", empezando por Aznar y terminando por el último currito de la CEOE. Actuará con la misma frialdad con la que ha escuchado la preocupación de Rubalcaba por el plan de desmantelamiento del estado de semi-bienestar que habíamos llegado a atisbar en España.
Rajoy es un mandado. Cumple órdenes de mucha gente. Por un lado de los grandes grupos financieros que están haciendo retroceder a la sociedad mundial a los primeros años del siglo XX, a los de la gran depresión. Por otro, de la Conferencia Episcopal que le marca los "pasos morales" a seguir y a cambio hace propaganda electoral desde los púlpitos. Esto le otorga al candidato Rajoy la importancia suficiente como para mirar con desprecio a su adversario, con el mismo gesto que tendría el mayordomo fiel que tiene por cometido no dejar entrar al palacio a ningún advenedizo.
Su consigna consistía en responder a cualquier cuestión con: "Lo que hay que hacer es crear empleo". Es una verdad de Perogrullo. El problema estriba en "¿cómo hacerlo?" pero en ese jardín no se mete Rajoy entre otras cosas porque no lo sabe, ni siquiera sabía lo que había en su programa de partido. Lo que tenía que repetir se lo habían escrito para que él lo leyera ensalivadamente.
¿Acaso el PP no sabe que las grandes empresas no solamente no contratan personal sino que despiden a sus trabajadores a pesar de seguir teniendo beneficios millonarios que se reparten entre sus accionistas y directivos, presuntos votantes del PP? ¿Que la banca niega el crédito al pequeño empresario a pesar de haber recibido dinero estatal con ese fin? El cinismo de los conservadores ya no puede engañar a nadie.
Rajoy pensaría que tampoco tiene por qué conocer su programa de partido, la CEOE sí lo conoce y ya se ha encargado de tranquilizarlo diciéndole que ellos "saben lo que hay que hacer" y que su único objetivo es llegar a la Moncloa. Los grandes lobbys financieros se encargarán después del trabajo sucio y lo recompensarán a él por los servicios prestados, como hicieron con Aznar y familia.
Le han ordenado a Rajoy que tenga confianza y que genere confianza, porque la política se la van a cocinar las grandes fortunas de la nación y que él está allí solamente para impedir que se cuele en el gobierno alguien con ideas de izquierdas o indignados del 15-M que les agüen la fiesta.
Rubalcaba tampoco sabe lo que hay que hacer para salir de la crisis, pero al menos lo confiesa. De lo que sí está seguro Rubalcaba es que la crisis no la tiene que pagar el trabajador, ni el autónomo, ni la empresa pequeña, ni el españolito de a pie, sino la banca, la gran empresa, los especuladores… que fueron los que la provocaron con sus estafas. Y está dispuesto a pelear porque eso no suceda. Él no se va arrugar, lo dijo mirando directamente a la cámara.
Darle razones a Rajoy es como tirarle pelotas de goma al Polichinela de la feria, se vuelve a levantar y dice: "Lo que hay que hacer es crear empleo". Detrás tiene a toda la fauna financiera internacional frotándose las manos.
Tienen razón quienes apoyan a Rajoy, están soñando con el multimillonario negocio de los hospitales privados, el de las pensiones convertidas en pólizas de las compañías de seguros para ricos, el de la burbuja inmobiliaria etc. etc.
También soñarán con los beneficios que les reportará el inmediato desembarco de Aznar con toda la parafernalia especuladora norteamericana, la culpable de la crisis.
¿Y el trabajador y las pequeñas empresas, perderán la precaria estabilidad que les proporcionaba su trabajo? Bueno, no hay que exagerar, eso es asunto de cada cual. Dentro de la política liberal cada uno se debe buscar la vida.
Al final del debate, el todavía candidato y probable próximo presidente Mariano Rajoy, con su mirada cavernícola parecía querer tranquilizarnos anunciando: "No os preocupéis, habrá migajas para todos".
Leopoldo de Trazegnies Granda
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